José y la piedra
Por Alicia Ruiz Jiménez
Peña San Apolinar (Sanchicorto)
Fotos Alicia Ruiz Jiménez

Este verano tuve la oportunidad de ver trabajar la piedra a José Sáez.
José no estaba utilizando maquinaria moderna, lo hacía “como se hacía antes”. Daba golpes y golpes de manera incesante, tantos y tan fuerte que a menudo saltaban chispas.

A mí me parecía que tenía una paciencia infinita, que peleaba contra un gigante que ni se inmutaba. Pero de pronto aparecía una grieta en la piedra y José, con ese aplomo del que sabe lo que hace, metía unas cuñas de hierro y golpeaba con la maza hasta que las grietas se multiplicaban y conseguía separar un enorme pedazo. 

Pero las piedras son como la punta de un iceberg de tierra y debajo siempre queda más, así que seguía golpeando.

Yo iba a verlo con frecuencia. Menos de la que hubiera querido, para no ser pesada ni molestar. Y en una de estas visitas le pregunté:
- ¿Qué tal vas José?
- Aquí estoy. A ver si esta señorita quiere salir. - contestó él.

La” señorita” no era otra que una gran roca de granito. Entonces me dí cuenta que al darle este tratamiento, José respetaba mucho la piedra y el trabajo que estaba realizando. Y me dí cuenta, también, que si la “señorita” hubiera podido hablar nos podría haber contado historias de tantas y tantas personas de cuyas vidas había sido siempre mudo testigo.

Confío en que trabajos artesanales, como el que vi llevar a cabo a José no desaparezcan y espero que las piedras que han sido y son muros de nuestras casas, cerca de nuestros huertos, cobijo de animales, asiento de viajeros... puedan seguir presenciando infinidad de historias en Sanchicorto. Por su bien y el nuestro.

 

 

 

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Revista Fasal Ávila 51