Según la tradición, basada en hechos históricos, la princesa Isabel parte de Ávila hacia los Toros de Guisando, donde espera su hermano Enrique, para tratar asuntos importantísimos sobre la sucesión al trono de Castilla. Al pasar la princesa y su séquito por la villa, que según la creencia popular se llamaba “Villanueva del Alberche”, pronunció estas palabras: “Tiemblo la entrevista con mi hermano”. Y desde esos momentos pasó a ser la “Villa de El Tiemblo”.

Otra versión, de corte similar a la anterior, nos cuenta cómo el arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, enterado de las condiciones fijadas por el rey Enrique IV para reconocer a su hermana Isabel como legítima heredera del trono de Castilla, no quiere aceptar una concordia que le pudiera restar influencia sobre la princesa, su protegida. Para ello aconseja y presiona a la futura reina para que no acepte la entrevista con su hermano. Sabedor de estas intenciones el marqués de Villena, hombre de confianza del rey, ordena a sus soldados que enciendan hogueras en las cimas de los montes circundantes a la villa tembleña, con objeto de hacer creer que las fogatas nocturnas pertenecen a la caballería real. El arzobispo Carrillo no sabe que hacer y la Princesa Isabel “tiembla”.

Hoy sabemos que las dos versiones anteriores responden más a un deseo o interpretación de historiadores y gentes de siglos pasados. Los documentos y los hechos históricos así lo atestiguan: la reina Isabel, entonces princesa, para ir a la entrevista de Guisando, no pasó ni estuvo en El Tiemblo, sino por el vecino pueblo de Cebreros, donde había llegado trece días antes de la firma del Pacto de los Toros de Guisando. Por otra parte, en esa fecha (1468), y desde muchos años antes, ya era conocida esta villa como El Tiemblo.

Para tratar de averiguar el verdadero origen del nombre de El Tiemblo, se ha consultado una vasta documentación que se ha ordenado cronológicamente:

* Sampiro, eclesiástico y cronista leonés, fallecido en 1041, escribe: “Venit in locum qui dicitur al Trémulo” (llegando al lugar que se llama El Tiemblo) Palabras que atribuye al rey García I de León (910-914), cuando vuelve de una incursión por tierras moras de Toledo y Talavera con numerosos cautivos, entre ellos el reyezuelo Aiolas que, por descuido de sus guardianes, logró fugarse cuando el ejército atravesaba tierras tembleñas, resguardándose en lo que, a partir de entonces, se llamaría “El Covacho del Moro”.

* En un documento del siglo XII se habla de una disputa entre el obispo de Ávila, Domingo Blasco, y el arzobispo de Toledo, en la que éste pretendía el poder en la divisoria de las aguas de las cuencas de los ríos Duero y Tajo, sobre varias iglesias, citando entre ellas, la de “Santa María del Trémulo”.

* El cardenal Gil Torres, en un pergamino del año 1250 sobre rentas de la catedral y el obispado de Ávila, hace referencia a “Santa María del Triemblo”.

* En el Libro de la Montería, atribuido a Alfonso XI el Justiciero (1312-1350), se habla de la cacería del oso en los montes tembleños, citándose el lugar como “Santa María de El Tiemblo”.

* El cronista Pedro López de Ayala (1332-1407), en la crónica del rey Pedro I, escribe: “Don Juan Alfonso de Alburquerque, después que se tornó de Almorox, segund avemos contado, fué é comer a Sancta María del Templo, é á dormir al Ferradón: é falló y á Don Juan Núñez de Prado, Maestre de Calatrava, que venía de Valladolid, é quería llegar á Toledo dó estaba el Rey, segund que él é Don Alfonso lo avían acordado en Valladolid...” El autor de la transcripción de la crónica, a pie de página, dice: El Tiemblo.

La expresión Santa María del Templo autoriza a elaborar, según Blas Casado, la siguiente hipótesis de trabajo: 

“En esta zona geográfica existió un templo que dio nombre al territorio. La reconquista cristiana quiso volver a bautizar o volver a dar nombre a un asentamiento de población y utilizó el título mariano más característico de la época: Santa María. Pero el paraje ya tenía un nombre: Templo. Si lo rebautizaron con una advocación mariana, cabe pensar que el concepto Templo, también religioso, no era cristiano. Por ello en vez de llamarlo “Santa María del Alberche”, como hicieron muchas veces en otros entornos geográficos, por ejemplo en la zona de Guisando con “Santa María de Tórtoles”, mantuvieron la identidad antigua “del Templo”. La denominación anterior debía de tener mucho peso y no se podía, ni se pudo, evitar su permanencia: ha llegado hasta nosotros y se ha perdido el de Santa María, puesto que la advocación de la iglesia mayor de la villa es Nuestra Señora de la Asunción.

 

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Revista Fasal Ávila  45