Ya repican las campanas
y a la iglesia todos vamos,
porque en Tórtoles de la Sierra,
nunca existieron paganos.

Como hicieran los galileos,
todos al llegar al Atrio,
simulando ver el chopo,
todos la vista levantamos.

Muchas veces, tortoleños,
seguro que el Señor diría:
¡¿Qué hacéis mirando al Cielo?
Varones sin alegría!

Después de salir de misa,
en la Erilla o Esperalas,
solteros contra casados
jugaremos a la calva.
Para comer, buen puchero,
como hiciera Santa Rita:
de primer plato la sopa, 
segundo plato, garbanzos;
y, para postre, la chicha.

Por la tarde y por la noche
seguiremos de jarana,
con dulzaina y tamboril
bailando en la Cabrejana.

Allá va la despedida,
que yo quiero echar, hogaño,
recordando aquellos quintos 
que tan pronto nos dejaron.

¡VIVAN LOS QUINTOS!

En medio de tu salita
hay una mesa redonda
donde puso Dios los pies
para subir a la gloria.

Las cortinas de tu alcoba,
son de terciopelo azul,
entre cortina y cortina,
la Virgen pareces tú.

Amanece el nuevo día
con las calles ya galanas,
y las mozas que se asoman
para ver sus enramadas.

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Revista Fasal Ávila  25