Cuando llegan las vacaciones
Por Joaquín Benito
Peña San Apolinar (Sanchicorto)
Foto Alicia Ruiz Jiménez

 

 

En mi casa sólo hay una discusión todos los años: las vacaciones.
Mi mujer, Gloria, quiere playa. Yo, en cambio, sierra. Y casi siempre se impone la lógica: pueblo.

Los pueblos han adquirido otro tipo de atractivo. Antes, yo venía al pueblo porque tenía aquí la familia, se comía de exquisita matanza y productos de nuestra propia huerta. Hoy vengo al pueblo porque están la paz y la tranquilidad que no tenemos en nuestro trabajo ni en la capital.

Y es que una hora en Sanchicorto equivale a dos en la ciudad. El tiempo en el pueblo da mucho más de sí. Cuando el calor aprieta, sentarse con los amigos en la plaza, a la sombra, es una forma de detener el tiempo y disfrutar de la vida de la calle. Cada día sale una conversación nueva.

Esta mañana, un buen amigo de la infancia me ha preguntado sobre la “fiesta del emigrante”. Yo creo que esta fiesta nos debería concienciar de lo nuestro; amarlo, respetarlo y defenderlo. Este buen amigo me ha preguntado, también, qué es lo que más me gusta de nuestro pueblo.

A mí Sanchicorto me gusta todo el año. No es necesario estar aquí todos los días para darse cuenta que uno es castellano y de Sanchicorto. Hoy en día yo voy buscando pueblos pequeños que puedan ofrecer tranquilidad a quienes los visitan, y mi pueblo es uno de ellos. La paz que reina en este pueblo y el lugar en el que está situado hacen que sea un paradero excepcional para disfrutar de unos buenos días de vacaciones.

Se acabaron las comilonas y las barbacoas: ya estamos de vuelta y sólo nos quedan los recuerdos de las vacaciones que ahora agigantaremos en el momento del regreso.

El reencuentro con los amigos y compañeros supone el intercambio de todas las batallitas; entre ellas, en lugar destacado, las gastronómicas:
- Yo fui a comer con mis hermanos Rosario y Pablo...

Y nunca confesaré que en tal o cual establecimiento nos sacudieron un palo que rozaba la estafa, por una comida o cena que lo único que tenía de bueno era el precio. Nada de eso, todos hemos comido fenomenal y a precios de risa.

Lo de todos los años, vaya.

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Revista Fasal Ávila 18