LAS ERAS

Se echaba a eras a últimos de junio o primeros de julio. La era comenzaba con la misma operación que terminaba, barrerla.

Las eras de Peñalba son de propiedad particular y se extienden a lo largo del pueblo, en la parte de terreno más alto que coincide con el sur. Es corriente, en los pueblos de España, que se pusieran las eras en los ejidos, que son un campo común del pueblo, lindando con el que no se labra.

En Peñalba se llama ejido al lugar donde está construida la casa del Sr. maestro y la escuela nueva, lindante con las eras. En la parte opuesta del pueblo, donde arranca el camino viejo de Zorita, están las erillas que debieron, en otros tiempos cumplir la función de ejido y eras del barrio.

Había eras empedradas y eras sin empedrar o de hierba. Las empedradas se utilizaban con preferencia para las mieses de espiga: trigo, cebada, centeno; las de hierba se utilizaban más para las leguminosas: garrobas, garbanzos, vezas, cuyo grano se parte con facilidad en el empedrado bajo el trillo y las herraduras de las caballerías.

EL ACARREO

Había que traer las mieses a la era para someterlas al proceso de separar la paja del grano mediante la trilla y la limpia. Las mieses segadas llegaban a la era por el acarreo que se realizaba en carros tirado por yuntas de mulas o carretas de bueyes.

 

Aún quedaba, por estos años, alguna muestra del antiguo transporte de mieses mediante burros con angarillos y permanecía, entre las personas mayores, la costumbre de contar por cargas la cosecha que producía una tierra. Una carga era la cantidad fija de ocho haces que podía transportar un burro en los angarillos. Los angarillos estaban formados con un armazón de palos, que se adaptaban a la albarda del burro, de los que salían, lateralmente hacia lo ancho, dos estacones puntiagudos en los que se pinchaban los haces.

Los carros y carretas se tenían que adaptar para el acarreo del verano. En cada lateral del carro se fijaban, con tornillos, tres estacones fuertes y puntiagudos curvados hacia el exterior, de unos dos metros de altura. En las carretas se colocaban, ensambladas en agujeros de cada uno de los dos largueros laterales, seis estacas terminadas en punta con unos dos metros de altura.

Se necesitaban dos personas para cargar estos carros: la una iba colocando en el carro los haces o morenas convenientemente para conseguir un volumen estable y la otra le alcanzaba los haces que recogía del surco con un horcón de acero y mango largo. Se requería habilidad y arte para construir la voluminosa carga de manera que pudiera aguantar, sin caerse, los traqueteos del carro a través de surcos, carriles y atascaderos de los caminos.

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Revista Fasal Ávila  16