Aunque no se celebrara su fiesta, se recordaban popularmente los días de San Juan, 24 de junio, señalado como fecha de comienzo del verano, y también porque dejaban de cantar los grillos y empezaba la mosca a picar a los animales, provocando en ellos carreras desbocadas e incontrolables; San Bartolomé, 24 de agosto, porque por esta fecha se producían fuertes vientos que se llevaban la paja de la era; San Ramón Nonato, 31 de agosto, se tomaba como referente proverbial para terminar la trilla y poder así acabar de eras por la Función del Cristo.

LOS SEGADORES

El trabajo de siega requiere mucha mano de obra si se quiere que la recolección termine a su tiempo y librarse de pedriscos, incendios y desastres con los que se puede perder la cosecha de todo un año. Particularmente las garrobas, cebada, avena y garbanzos si no se recogen a tiempo, se desgranan quedando muchas vainas y espigas en el rastrojo; pero tampoco se pueden segar antes de estar en sazón porque el grano se merma y el bálago correoso se resiste a la hoz.

Para la siega, en términos de actualidad, se diría que Peñalba importaba mano de obra. Llegaban segadores procedentes, principalmente, de los pueblos de la Sierra. 

 

Venían organizados en cuadrillas de unos cuatro componentes, de los cuales uno hacía de mayoral y otro de rapaz. El mayoral era el jefe natural y portavoz de la cuadrilla, siendo sus decisiones acatadas por los demás. Encabezaba la fila de siega en el tajo y marcaba el ritmo de trabajo, señalaba el punto donde iniciar el corte y el momento de realizar descanso para beber agua y afilar las hoces con la piedra de asperón.

La herramienta del segador es la hoz refulgente, protegiéndose la mano izquierda, en la que empuña la mies, con dediles de cuero y refuerzos de suela para librarse de los posibles cortes de hoz y retener un mayor puñado de mies cortada.

El rapaz se encargaba de recoger las gavillas de mies segada y atarlas en haces. Seguía a los segadores con el manojo de lías atado a la cintura. Se protegía los brazos del áspero roce del bálago con manguitos de tela y se ayudaba con una pequeña horquilla de palo para recoger las gavillas del surco. También tenía a su cargo construir un sombrajo con los haces de mies para mantener, a su sombra, fresca el agua y se la servía a los segadores durante los periódicos descansos.

 

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Revista Fasal Ávila  14