Los primeros rayos del sol, saliendo por Zorita, ya refulgían en las hoces que empuñaban los segadores cortando las mieses aún suaves del relente de la noche, o se prendían en los estacones de los carros cargando morenas o haces de mies que traían a la era para que la primera parva de trilla estuviera dispuesta al pasar la media mañana cuando ya, a pleno rigor del sol, las espigas o las vainas de garrobas se desgranaban crepitando bajo el trillo. Y cuando el sol se ponía por Riocabado, aún seguían las hoces apresurándose para terminar el cornijal y los carros o carretas colmados de mieses y tirados por yuntas de mulas o bueyes regresaban traqueteando lentamente en la oscuridad de la noche por los caminos de regreso al pueblo.

Los trabajos de la recolección eran duros, pero ilusionantes, una buena cosecha era la feliz recompensa de tantos sudores.

En las faenas del verano participaba toda la familia, desde los hombres a las mujeres y desde los mayores a los pequeños que, en la era, encontraban ocasión para el juego entre los montones o peces de mies trillada, las hacinas de espigas y los muelos de grano.

La cebada se descabeza y la avena se desgrana, si se siegan demasiado secas, por esto convenía segarlas cuando aún estaban cerollas.

Concluida la siega de estas mieses, las cuadrillas de segadores volvían a sus pueblos de origen para regresar por Santiago, 25 de julio, para la siega del trigo.

El trigo es el cereal que más tiempo aguanta, en la tierra de sembradura, sin sufrir deterioro antes de su siega: tiene la espiga fuertemente sujeta a su caña recia y derecha.

El centeno se segaba antes que el trigo ya que si permanecía demasiado tiempo, después de seco, sin secarse, sus espigas se vareaban, es decir, se desprendían los granos por sí solos. Antes que el trigo, también, se segaban los garbanzos con hocinos de filo ligeramente aserrado. La siega del trigo solía terminar por el 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen.

El precepto bíblico de respetar el día del Señor y no trabajar en domingo, se cumplía por todos durante todos los domingos y fiestas de guardar del año. No obstante, se permitía trabajar en la recolección de mieses, los domingos de verano. El cura párroco leía, en el sermón de la misa del segundo domingo de junio, la dispensa que concedía el señor Obispo de la diócesis para poder trabajar, sólo, en lo concerniente a tareas de recolección. Continuaban siendo fiestas de guardar, en las que no se podía trabajar a pesar de la dispensa del verano, las siguientes festividades: San Pedro, día 29 de junio; la Visitación de la Virgen, 2 de julio, fiesta de la Cofradía; Santiago Apóstol, 25 de julio; la Asunción de la Virgen, 15 de agosto. Entre las fiestas de guardar también se incluía el 18 de julio, día del Alzamiento Nacional. Pero en los días de estas festividades se consentía trabajar no más de dos horas, por la mañana, antes de ir a misa.

LA SIEGA, FECHAS 
Y FIESTAS DEL VERANO

El punto de madurez de las mieses podía adelantarse o atrasarse una quincena de días dependiendo de las condiciones meteorológicas del año. Según estas condiciones, la siega solía comenzar a mediados de junio con la recogida de las garrobas y a primeros de julio, cuando la Cofradía celebra su fiesta, se empezaba a segar la cebada que se continuaba hasta la tercera semana del mes.

Si había alguna pequeña parcela de vezas, se recogían por cuando la finalización de las garrobas y si la pequeña parcela era de avena, se segaba por cuando la finalización de la cebada.

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Revista Fasal Ávila  13