En la parte norte, entre otros, se hallaba Palacios de Becedas, la suerte para ellos fue tan dispar que algunos de ellos no llegaron a merecer ni siquiera el nombre del lugar, terminando muy pronto por desaparecer, sin embargo a Palacios la suerte le acompaño que junto a Becedas continua en un mismo Concejo y en consecuencia un Ayuntamiento.

Palacios que recibió su nombre merced a su precario aspecto inicial, ha sabido conservar la personalidad de pueblo, pero ha sido incapaz de sobrevivir a las degradaciones generacionales hasta su estado actual como pedanía. 
A principio del siglo XX presumió de contar con 114 habitantes gozando así de su máxima expansión, frente al medio centenar del que cuenta en la actualidad.

Al repartirse las distintas festividades los poblados del Ducado de Béjar, Palacios salió muy favorecido porque al “anejo” se le permitió apropiarse junto con la festividad de la Virgen del 
Rosario, la de San Juan. Palacios acogió con gozo y celebró como festejo étnico el día de San Juan, así lo certifica la presencia del ramo.

Y dicho esto y sin más preámbulos os vamos a narrar lo que conocemos de nuestra historia y de nuestro presente.

Junto a los riachuelos que bajan por las vertientes del Calvitero, nacieron una serie de poblados, dedicados los de arriba a la ganadería y los del llano a la agricultura. 


La andadura a lo largo de la historia de Palacios ha sido la de un pueblo agrícola y ganadero conjuntamente. La vega de la parte baja dividida en pequeñas y laboriosas pero productivas huertas, como todo la comarca comenzó dedicada al lino para terminar con hortalizas, judías, patatas y sobre todo con una gran dedicación y esmero a la fruta y castaño principalmente con la pera y en la actualidad con la manzana.
En la parte alta, con la sierra y en los prados se alimentaba el ganado: ovejas, cabras y vacas.

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Revista Fasal Ávila  7