Entre “Olvidos y desolvidos”... 
                                                                      Todo lo que permanece
Asoc. Amigos de Hoyos de Miguel Muñoz
Foto cedida por la asociación

 

Capitulo Primero

Reflexones del praolengo

Cuando bajo por los prados de Navalacruz hacia el Horcajuelo, cuando paseo por la Nava, cuando cojo moras en el Rondillo,... veo que cada día el campo es más grande, cada vez se ve menos gente en el pueblo e incluso menos ganado. Busco entre zarzales para encontrar algún amigo, miro por todas las cercas buscando algún vecino. Por las calles en invierno ya no lucen las farolas, todos somos mayores y nos recogemos pronto. De cuando en cuando aparece algún madrileño y se pasa un rato distinto se cuentan algunas cositas, se recuerdan otros tiempos. En ocasiones contadas, se oye algún griterío, los críos de fin de semana ya están haciendo ruido. Y muchas veces yo pienso: “qué pena que ya se han ido”.

En Hoyuelos hay poca gente y nos vamos apagando, incluso yo en invierno me voy con la familia unos meses. Pero en mi interior pienso que en los últimos años los vecinos se dan cuenta de lo que está ocurriendo y nos hemos abierto al exterior. Sería difícil saber, que ha hecho que los hijos del pueblo se marcharan fuera a buscar lo que aquí no encontraban. Pero sí es fácil entender como estos hijos nuestros han ido regresando y han levantado las casas de sus padres, ya desaparecidos, o incluso han comprado terreno y se han hecho vecinos. A mí me da la impresión que se fueron a la fuerza y no quieren renunciar a sus raíces, tratan por todos los medios de recuperar lo perdido.

No paro de pensar que algo pasa en mi pueblo, debemos empujar y ayudar. Recuerdo cuando era mozo y la vida era muy dura. Entre todos, como una piña, cuidábamos de noche la era. Los muchachos y muchachas se agrupaban, todos juntos subidos al paco, acañizaban el centeno

Dicen que han hecho una Peña y dicen que son los amigos, amigos de un pueblecito. Aquí no necesitamos amigos. Necesitamos unirnos y codo a codo, como antes, levantar el pueblecito. A unos nos pilla mayores, pero no nos rendimos, que también ayuda mucho apoyar y aconsejar a quien intenta trabajar por mejorar un poquito. 

Veo que se hacen cosas, desde la iglesia al huertillo, me gusta darme una vuelta por la escuela y tomar un chato de vino. Ánimo a todos “Amigos”, que este pueblo castellano tiene que mejorar lo vivido. 

El tío Benigno

 

 

 

 

VOLVER PORTADA

Revista Fasal Ávila 48