|
Entre “Olvidos y desolvidos”... |
|
Capitulo Primero Reflexones del praolengo Cuando bajo por los prados de Navalacruz hacia el Horcajuelo, cuando paseo por la Nava, cuando cojo moras en el Rondillo,... veo que cada día el campo es más grande, cada vez se ve menos gente en el pueblo e incluso menos ganado. Busco entre zarzales para encontrar algún amigo, miro por todas las cercas buscando algún vecino. Por las calles en invierno ya no lucen las farolas, todos somos mayores y nos recogemos pronto. De cuando en cuando aparece algún madrileño y se pasa un rato distinto se cuentan algunas cositas, se recuerdan otros tiempos. En ocasiones contadas, se oye algún griterío, los críos de fin de semana ya están haciendo ruido. Y muchas veces yo pienso: “qué pena que ya se han ido”. |
No paro de pensar que algo pasa en mi pueblo, debemos empujar y ayudar. Recuerdo cuando era mozo y la vida era muy dura. Entre todos, como una piña, cuidábamos de noche la era. Los muchachos y muchachas se agrupaban, todos juntos subidos al paco, acañizaban el centeno Dicen que han hecho una Peña y dicen que son los amigos, amigos de un pueblecito. Aquí no necesitamos amigos. Necesitamos unirnos y codo a codo, como antes, levantar el pueblecito. A unos nos pilla mayores, pero no nos rendimos, que también ayuda mucho apoyar y aconsejar a quien intenta trabajar por mejorar un poquito. El tío Benigno
|
Revista Fasal Ávila 48