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Cualquier excusa es buena como se pone de manifiesto en las 'tradiciones’ y 'no tradiciones’ que se han ido recuperando en los últimos años. Un repaso en el calendario del pueblo permite comprobar la cantidad de números rojos: San Julián y Santa Basilisa (9 y 10 de enero); San Antón (17 de enero), Santa Águeda (5 de febrero), San Isidro (15 de mayo), la Virgen del Horcajuelo (mediados de agosto), además de otras de las amas de casa, los jóvenes, los jubilados y lo que se caiga por ahí.

Precisamente, la fiesta y las ganas de estar juntos es lo que han terminado por consolidar una 'institución' en Horcajo: las peñas. Con una población cercana a los 900 habitantes, en verano funcionan una treintena de estos grupos, sin lo que la fiesta no funcionaría.Horcajo me mata, Las que faltaban, Ahora vas y lo cascas, Los
jichus, el polvorón, El furgón, la santa sed, las genfis, los cherokes, los sastres... así hasta treinta peñas abiertas para los de fuera y para los de dentro.
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El precedente más lejano de una de ellas tiene ya casi medio siglo y desde entonces no hay quinta, curso, grupo de amigos que no haya contado con su lugar para pasar juntos las fiestas. Hasta hace poco, ni siquiera iban uniformadas, otro ejemplo más de que la clave es “estar bien con todos, pero cada uno a su aire”.

Ellas son, obvia decirlo, la clave para una diversión que, en los últimos años, ha encontrado más motivos. El recorrido que se hace la víspera de la Virgen, con limonada para todos, el 'encierro de la Serrana' a las siete de la mañana, con 300 personas corriendo delante de un autobús, periódico en mano, como si fuera un toro, las sopas de ajo que organizan los de Horcajo me mata para después, la caldereta de la post-fiesta y el resto de las fiestas no sería igual sin las peñas.

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