- Recorriendo tantos pueblos y ciudades, te habrán sucedido infinidad de anécdotas, ¿recuerdas alguna significativa?

- Recuerdo que en una obra de teatro en la que no actuaba me metí de espontáneo. Me habían dicho que en la secuencia en que se representaba un bar tenían un vino exquisito. Me lo habían repetido tanteas veces que me dije: ¡Caramba, me voy a quedar sin probarlo! Me metí como si fuera un cliente que se iba a tomar un chato de vino. El actor que hacía de camarero se quedó sorprendido al verme, pero como me vio con tanta seguridad, no tuvo más remedio que contestar a las preguntas que yo le hacía: de dónde era el vino, cuántos grados tenía, etc. Le puse en un aprieto, pero salió como pudo. El director que lo estaba viendo todo entre bambalinas, se ponía las manos en la cabeza diciendo: ¡Pero qué atrevido es este muchacho!. El público, que se trataba de un grupo de amigos, pensó que era parte del argumento. Al día siguiente se repitió la experiencia y entonces, en vez de darme vino, me dieron agua. Yo al probarlo dije: ¡Qué poco vino tiene esta agua!. Otra anécdota muy simpática, en Piedrahíta, representando “Los cinco lobitos”, se nos metió de espontáneo en el escenario un niño muy pequeño. Tuvimos que estar improvisando con el niño, y sacarlo de la escena simulando que era el hijo del vecino y se había escapado.

- En tu carrera has recibido numerosos premios, incluso varios homenajes, ¿qué han supuesto para ti?

- Los premios han sido acogidos con ilusión. Pero, lo que yo considero como verdadero premio, fue el Homenaje que nos hicieron en el año 1988 a Fidel Sáez y a mí, tras cuarenta años de convivir juntos en el Teatro, fue el mejor y más emotivo. Toda una semana de actos culturales en la que participaron todos los grupos de teatro, artistas, instituciones, casas comerciales, muchos vecinos y amigos de todas partes, y de cuyo acontecimiento dieron amplia información prensa, radio y televisión. Otro gran premio son las personas que todavía recuerdan mis inicios cuando yo hacía de payaso o humorista, cuando me dicen que les hice felices, con aquellas graciosas y ocurrentes parodias.

- Háblanos de tu faceta de humorista y escritor.

- Empecé como humorista, encargándome también de los guiones. Fue una etapa muy feliz de mi vida. Con un amigo de idéntica afición, creamos la pareja “Los Atómicos”, actuando con este nombre durante varios años. Después como “Josele y Pacorro” y más tarde “Josele y Fidelín”. Con “Los Atómicos” quedamos campeones de un concurso de artistas noveles en Radio Ávila, allá por los años 50. Entonces tenía 17 años, y nuestra presentación como humoristas en aquel concurso supuso una grata novedad para muchos abulenses, pues nadie, hasta aquel momento había tenido tan original idea. 

Llegamos a tener una invitación de T.V. para hacernos una prueba, pero la rechazamos. Con la pareja Josele y Pacorro, logramos un gran éxito en un teatro zamorano, nuestra emisora local y en Peñaranda de Bracamonte. También actué sólo en varias ocasiones, tanto en Ávila como en otras ciudades. Y con Fidelín, en lugares muy importantes, como el Teatro María Guerrero, en el programa televisivo “Primer Aplauso”, en el hogar Gallego en Madrid, y en Béjar. 

 

 

 

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Revista Fasal Ávila  40