- En tus comienzos, ¿quién se encargó de iniciarte en el Arte Teatral?

- Después tuve la oportunidad de pertenecer al Frente de Juventudes, donde se hacían muchas representaciones de Teatro y ahí empecé más en serio a hacer, con más frecuencia, mis pinitos teatrales. También participé en la Juventud Católica Antoniana haciendo algunos papeles. Poco a poco, entre la afición que tenía y lo que aprendía, fue creciendo mi interés por el mundo del espectáculo, sobre todo por el teatro.

- En tu larga trayectoria en el mundo del Teatro has hecho todo tipo de estilos: comedia, drama, tragedia, clásico, vanguardista, etc., ¿en cuál de ellos te has encontrado más a gusto?

- Como dices, he representado muchas modalidades, incluso he sido animador de espectáculos, presentador de concursos, de verbenas, he sido pregonero de fiestas en Navaluenga, Ávila,... en cada papel, en cada situación me he encontrado muy bien, porque era lo que me gustaba. Ser artista y sentirme realizado en cada modalidad en la que participaba, incluyendo la de dibujante y fabricante de decorados.

- ¿Te consideras maestro en tu Arte?

- La palabra maestro nunca me ha gustado porque tengo muy claro quien se las da de maestro termina por ser pedante. Para mí, es mejor la palabra transmisor. He intentado transmitir a los demás las enseñanzas que he aprendido, todo aquello que he sacado en conclusión de mi experiencia de cincuenta y cuatro años, pero con la condición de que siempre estoy aprendiendo, pues siempre surgen nuevas formas y modas, pues el teatro es un horizonte sin fin.

- Sabiendo lo duro que es dedicarse al Teatro y los múltiples inconvenientes que hay que sufrir para mantener una compañía, ¿de dónde has sacado la fuerza para no haber tirado la toalla hace mucho tiempo y para haber mantenido a flote a “Jufran”, grupo que has dirigido durante 32 años?

- Ha sido siempre a base de una gran afición, gran tesón, de estar siempre en la brecha, dando ejemplo a los demás de mi constancia e ilusión. Tratando de contagiar toda esa disposición que sentía hacia el grupo, respetando y haciéndome respetar, siendo uno más, y a veces sufriendo y padeciendo contrariedades a causa de las relaciones humanas. Pero sabiendo que cada uno somos como somos con nuestras virtudes y defectos. Y tener mucha paciencia, sabiendo capear los problemas a base de comprensión y tolerancia. Pero este es el precio que hay que pagar, porque en una relación de 54 años, como se puede suponer, ha habido de todo.

- ¿Qué personajes, de los que has representado, recuerdas con más cariño?

- Recuerdo uno con mucho cariño, que fue el personaje de Mariano, en la obra “Cuñada viene de Cuña”, con él gané mi premio de interpretación, hace muchos años, en un Certamen Nacional de Teatro en Zamora. También tengo un gran recuerdo del personaje de Mairon, en “La Huella”. Fue una gran gozada. Otro personaje que me encantó interpretar fue el de Paul Letrot, de la obra “De profesión Altruista”. Era un personaje circense, abandonado, marginado. Interpretarlo me supuso un gran esfuerzo, pero también una gran satisfacción, por el impacto emocional y por las muchas facetas del personaje.

- Durante todos estos años, ¿cómo has sentido el apoyo del público?

- Para mi ha sido fundamental, porque sin él yo no hubiera permanecido tanto tiempo dedicado al teatro. Del público he recibido su aplauso, su crítica constructiva y su reprobación cuando las cosas no le fueron de su agrado, con razón o sin ella, pero ello me permitió el superarme cada vez más. Si en algo soy afortunado y me considero millonario, es en aplausos que el público me ha otorgado, pues pesan sobre mis espaldas cientos de actuaciones artísticas, desde que tenía 10 años. Para mi, lo más importante del teatro es el público. El espectador es el que te pone en el lugar que te corresponde, es e que te da la verdadera medida y no se le puede engañar. Siempre he sentido un gran respeto por él, y he procurado ofrecerle aquello que demandaba en su momento, con un trabajo realizado lo más dignamente y dentro de nuestras posibilidades. Obras teatrales que fueron aceptadas y celebradas con notable éxito.

 

 

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Revista Fasal Ávila  39