A media mañana estábamos en “las Herrenes”. -En estos huertos frente a la “Fuente Grande”, antes, cuando yo era más joven, bastante más, en pleno verano, cuando el sol calentaba las piedras, cosa que aquí en Balbarda también pasa, a la hora de la siesta, veníamos a este lugar y extendíamos unas mantas y tumbados chicos y chicas, un mogollón, contábamos chistes, historias y nuestras cosas, oíamos música y algunos hasta dormían. Tu mamá también venía con las amigas y quizá fue aquí, cuando una de aquellas tardes debí pensar ¡Jo, que chavala!, De ahí en adelante te lo puedes imaginar.

- ¡No papi, no me lo imagino, cuéntamelo!.

- Bueno hija, pues que... En fin que nos casamos.

- ¡Podemos traer una manta y tumbarnos en el suelo, mamá, tú y yo!.

- Pero no ves como está de hierba y matorrales, si no se puede ni pasar, habrá culebras.

- ¡Pues lo limpiamos, y ya está!

- Cariño hay cosas que es mejor dejarlas como están.

Mi hija estaba alucinada con nuestro improvisado paseo. Quería seguir, pero tenía sed. Le propuse beber el mejor agua del mundo, fresca, limpia, natural, que mana de la tierra en el centro de un pequeño prado y forma un riachuelo que llega hasta Muñez, “la Fuente de la Ñaña”.
- ¿Y como vamos a beber agua del suelo, papi? -Me preguntó.

- Con una pajita que cortaremos de una bercea, apartamos los bichitos que aclaran el agua y ya está, a beber.

- ¡Pero, papi, ¿de qué vas?, Yo paso de beber agua del suelo, sin un vaso y encima con bichos!.

- Pues yo he bebido aquí muchas veces y no me ha pasado nada, claro que también era más joven.

De cualquier manera no bebimos agua, pues cuando llegamos a la fuente, estaba sucia, abandonada, llena de maleza y el agua manaba sin control, encharcando los alrededores. Le hacía falta un buen arreglo.

- Papa, ¿si nadie limpia las fuentes ahora, como beben los pastores?.

- Pues no lo sé, hija, se traerán botes de Coca Cola. 


Una vez en casa, loca de contenta, mi hija contó a su madre todo lo que habíamos hecho, aunque se lamentó de no haber podido montar en “el carro de la Tía Andrea”, no ver trabajar en “la Fragua”, no tumbarse en “las Herrenes” y no beber agua en “la Fuente de la Ñaña”. - Papá. ¿Mañana me llevarás a dar otro paseo como hoy, para ver mas cosas?.

- Claro, cariño, pero eso será mañana.

 

 

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Revista Fasal Ávila  17